Thursday, April 5, 2018

Los huevos de la gallina.


Abraham se levantó una mañana y no encontró los huevos de Nancy, su gallina. Era extraño, pues, aunque era una gallina más bien anciana –igual que él–, nunca le había fallado. Y no pudo haberlos recogido ya, a menos que lo haya olvidado, que era muy común en estos días, pero tampoco podía ser, su medicina estaba haciendo un buen trabajo últimamente.
Pensó en llamar a alguien: la policía, quizás. Sin embargo, no estaba seguro que alguien se los hubiera robado, y si fue alguien ¿quién pudo haber sido? Era seguro no fue su esposa, porque la vio en la cocina antes de salir, tampoco tenía hijos ni vecinos cercanos; vivía en una granja muy alejada de la ciudad.
Caminó y dio vueltas pensando en qué pudo haber sido. Volvió a mirar el corralito de su gallina y no había nada. Miró a los alrededores. Estuvo un buen rato caminando por su jardín trasero, donde tenían a los animales, hasta que su esposa se asomó por la ventana de la cocina.
—¡Abe! ¿Qué se supone que estás haciendo? —le gritó.
—No encuentro los huevos de Nancy.
—¿Los huevos de Nancy? —le preguntó su mujer. No entendía de qué estaba hablando: él mismo había salido media hora antes de recogerlos. «Agh –pensó su esposa–, ha de ser el medicamento. Esta tarde iremos al hospital».

Los huevos de la gallina.

Abraham se levantó una mañana y no encontró los huevos de Nancy, su gallina. Era extraño, pues, aunque era una gallina más bien anciana –i...